que divierta (¿?) a los más pequeños e inocentes de la casa. Como si el bombardeo de los medios de comunicación no fuera suficiente durante todo el año, en la víspera de esta fecha las empresas intensifican su ataque de mercadeo, para alentar el consumismo de grandes y pequeños.
Una revisa, cuyo título a mi parecer es muy justo, publicó un artículo en su versión on-line que reza, con la mayor claridad: “Para festejar el Día del Niño, ¿cómo consumimos?”. El contenido del artículo es el siguiente:
Según un sondeo realizado en diciembre de 2008 por la Dirección General de Estudios sobre Consumo de Profeco, los mexicanos celebramos así el Día del Niño:
* 57% de los entrevistados festeja o da regalos el 30 de abril.
* 61.4% planea con anticipación el gasto.
* 33% gasta entre 200 y 400 en el festejo.
* 43% regala juguetes.
* 34.1% da regalos a dos niños.
* 54.9% gasta menos de 200 pesos en el regalo.
* 36.3 % adquiere sus regalos el mismo día o el día anterior.
* 59.3% compara precios antes de comprar.
* 79.1% paga en efectivo.
* 87.9% gasta en los regalos menos que en Navidad o Reyes.
* 42.4% da entre 50 y 100 pesos de gasto semanal a sus hijos.
* 29.4% les pide a sus hijos que ahorren.
Recuerda que tú puedes ayudarle a tus hijos a ser pequeños consumidores inteligentes. Motivarlos a ahorrar y hacerlos conscientes de sus deseos es parte del camino. ¡Feliz Día del Niño! Éste es sin duda un texto revelador, con su descarada sinceridad da cuenta del negocio que estas fechas representan para quienes necesitan vender y vender. Las últimas frases, sin embargo, son las más indiscretas “(…) tú puedes ayudarle a tus hijos a ser pequeños consumidores inteligentes”. Eso es lo que en nuestras sociedades modernas es lo que mejor se ha logrado, hacer de todos, sin distinción de edad, excelentes consumidores, pero no por la supuesta inteligencia con la que gastamos el dinero, todo lo contrario, sino por la miopía con la que desangramos los ahorros en un montón de cosas inservibles que no tienen otra función que la de disimular las carencias propias y colectivas y la de apaciguar el desasosiego que causa una sociedad que cada día parece estar más al revés, donde las diferencias se pasean groseramente en medio de metrópolis asfixiadas por el derroche de recursos. Ahora que sin tapujos los especialistas en mercadeo y los empresarios reconocen que la educación de un “buen consumidor” comienza desde pequeño, vale la pena entonces reflexionar acerca de los padres que incentivan en sus hijos al gasto desmedido, aún cuando son totalmente conscientes del daño que les causan, pues ellos como padres seguramente ya han sido víctimas del consumismo. Se establece así un círculo vicioso en el que el adulto se convierte en víctima y victimario, al repetir aquellas prácticas poco saludables para la formación del niño e incluso para el propio bolsillo. Atrás quedaron las mal llamadas “campañas subliminales”, ahora “la pelea es peleando”, vende más el que sea más directo y frontal. Los niños, en medio de este torbellino, son doblemente víctimas, tanto de las prácticas consumistas de sus padres como de las empresas que sólo quieren vender sin ningún tipo de compromiso social. Los chamos son la base de la escalera, el vertedero de toda la basura comercial que “de verdad verdaita” no le ha hecho mucho bien al mundo, porque si bien es cierto que unos pocos se han beneficiado del desarrollo, es más incuestionable aún que son muchos más los que han tenido que esperar debajo de la mesa para recoger las migas. Eduardo Galeano, en su magistral obra “Las Venas Abiertas de América Latina”, lo dice así: “La ciudad hace más pobres a los pobres, porque cruelmente les exhibe espejismos de riquezas a las que nunca tendrán acceso”. Y el mismo autor señala en el capítulo “Los Alumnos” de su obra “Patas Arriba. La escuela del mundo al revés”: Día tras día, se niega a los niños el derecho a ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fueran basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten, como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños. El Día del Niño fue decretado por la Organización Mundial de Naciones Unidas (ONU) en 1954 “con el fin de promover anualmente un día consagrado a la fraternidad y entendimiento entre los niños y niñas del mundo entero”. Actualmente, esta fecha tiene poco de fraternidad y entendimiento para los niños, porque la cajita feliz no trae adentro los valores que deberían causar bienestar en la sociedad, ni las latas de refresco, ni los álbumes de barajitas de súper héroes ni las series protagonizadas por adolescentes preocupados por la moda y el blackberry, pero todas esas cosas sí tienen el sello de muchas de nuestras propias carencias y diferencias. Representan una guía de consumismo infantil que prepara a los pequeños para el gasto y no para el ahorro, para el capricho y no para la humildad. Fuentes:
http://revistadelconsumidor.gob.mx/?p=1534
Galeano, E. (2006). Las Venas Abiertas de América Latina (16ª. Ed.) Madrid, España: Siglo XXI editores.
Heison Moreno
DÍA DEL NIÑO: GUÍA PARA EL CONSUMISMO INFANTIL (10FOTOS)
YVKE Mundial.- El próximo domingo 19 de julio se celebra el Día del Niño en Venezuela. Una fecha propicia para vender juguetes, hamburguesas con carne sintética y cualquier otra cosa















































