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AMBIGÜEDAD Y PENSAMIENTO CRÍTICO

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Aun con la tendencia de algunos intelectuales a no darse por enterados de la posmodernidad, ella siembra sus características en la globalización. Referiré dos de ellas cuando se nombra cambio, revolución y socialismo no burocrático: a- El disenso, bLa ambigüedad.

Con el disenso se instala una posición que se opone y resiste a todo discurso dominante, excluyente y reproductor de moralismos paralizantes del bien común.

Mientras que ambigüedad es clave del discurso político en objetos de estudio complejos o que escapan al dominio del locutor. Esta categoría discursiva es usada por quien aspira a convencer y no argumentar cuando toca referencias de ética, democracia y tolerancia.

Disentir implica mostrar resistencias al régimen de opiniones del poder, sin disenso es impensable el valor libertad.

Es una actitud donde lo ético no es malcriadez intelectual, ni oportunismos maquillados en función del escenario.

Tampoco es un acto de siembra de prejuicios y rencores sociales acumulados por años de no-alegría. Es refundar el encanto para eliminar nostalgias. Disentir es, con G. Vattimo, asumir que "el desencanto es la toma de conciencia de que no hay estructuras, leyes, ni valores objetivos; de que todo eso es puesto, creado por el hombre". Hoy una teoría crítica de la posmodernidad es urgente, pero necesita superar la ambigüedad de su materia prima básica cuando lo que critica es de nuestro propio mundo político, de lo que nos seduce o frente a reglas no expresas del poder. Practicar la disidencia intelectual sin ambigüedades es un dato a evaluar sobre su pertinencia con oportunismos manifiestos.

Rigoberto Lanz dijo una vez que la ética andaba en búsqueda de sujetos. Allí tocaba la ambigüedad desde la modernidad, pues el discurso posmoderno mostraba la dificultad de precisar su lugar fijo y claro de su identificación en el proletariado, en la lucha de clases, en una ideología revolucionaria, en las religiones, en el liberalismo. Viene esto a cuento por el artículo de J. Biardeau (18/05/09: A Tres Manos) con una frase que llamó mi atención por su ambigüedad: "...En la revolución de la vida cotidiana, en la hegemonía ético-cultural de los movimientos populares y sociales emancipatorios". ¡Es como mucho, no! Hay allí tantas aspiraciones adjetivadas como si fuera otro (muy conocido semanalmente) quien habla.

Una teoría crítica que anuncia y no enuncia el disenso deviene ambigua. ¿Por qué? Porque cuando se nombra un objeto y se presupone que allí hay un solo significado transparente, se reproduce lo que ya se evaporó en la modernidad. Es decir, se asume que el contexto, clave para limitar la ambigüedad en la posmodernidad, no se implica con la crítica. Esto se confirma párrafos más adelante: "...Socialismo implica superar el tiempo muerto capitalista, superación de los estados de necesidad y precariedad social". Metáforas que al hincarle el diente crítico en un país petrolero como Venezuela invitan a diseñar un reloj de arena para averiguar de qué trata esa idea de "tiempo muerto capitalista" y socialismo. Posiblemente disminuir la ambigüedad invitaría a decir: "Analizaremos la noción de hegemonía ético-cultural de los movimientos populares y sociales emancipatorios", pero antes haría falta ponerse de acuerdo con el desacuerdo posmoderno de inaugurar una nueva ética. ¡Pero hay zonas de coincidencia en el disenso! Diría alguien sin rostro definido, buscando imponer el eclecticismo tan vivo en estos tiempos oficializados como revolucionarios o socialistas.

Ciertamente, desde la tolerancia también valen los apoyos metafóricos en una selva de discursos cuyo fin es legitimar la exclusión y el derroche. Por qué no debatir si es posible una teoría crítica que opaca la disidencia y coloca en una "caja negra" conductista la tolerancia y la democracia de referendos porque al líder máximo eso lo perjudica en la reproducción de su imagen continental. Un contexto político que anule estas intuiciones tendrá cualquier adjetivo de esos que nutren las proclamas y panfletos, pero no será revolucionario.

De aquí esta pregunta ingenua: ¿En verdad J. Biardeau piensa que estamos en una transición?
EL NACIONAL /Opinión/8
A Tres Manos
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