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CUBA: ¿PROBLEMA PARA LA IZQUIERDA? (III)

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¿Qué hacer? La discusión precedente muestra que Cuba es un "problema difícil" para aquella izquierda que, sin abandonar el horizonte del poscapitalismo o socialismo, evolucionó mucho en los últimos 50 años.

De esa evolución el pueblo cubano podría extraer propuestas para la solución del problema a pesar de la dificultad de Éste.

O sea, la Revolución Cubana, que tanto contribuyó a la renovación de la izquierda, sobre todo en la primera década, podrá ahora beneficiarse también de la renovación de la izquierda que ocurrió desde entonces.

Al hacerlo, volverá dialécticamente a asumir un papel activo en la renovación de la izquierda. Resolver el "problema difícil" implicaría, pues, concretar con éxito el siguiente movimiento dialéctico: renovar a Cuba renovando la izquierda; renovar la izquierda renovando a Cuba.

Principales pasos de renovación de la izquierda socialista en los últimos 50 años: en los últimos 50 años se ha ensanchado la brecha entre teoría y práctica de izquierda, con consecuencias muy específicas para el marxismo. En tanto la teoría de izquierda crítica se desarrolló, principalmente, a partir de mediados del siglo XIX, en 5 países del Norte global (Alemania, Inglaterra, Italia, Francia y los Estados Unidos), y tomando en cuenta particularmente las realidades de las sociedades de los países capitalistas desarrollados, las prácticas de izquierda más creativas ocurrieron en el Sur global y fueron protagonizadas por clases o grupos sociales "invisibles", o semiinvisibles para la teoría crítica y hasta para el marxismo, tales como pueblos colonizados, pueblos indígenas, campesinos, mujeres, afrodescendientes, etc.

Se creó así una brecha entre teoría y práctica que domina nuestra condición teórico-política de hoy: una teoría semiciega que corre paralela a una práctica semiinvisible.

Una teoría semiciega no sabe dirigir, y una práctica semiinvisible no sabe valorizarse. A medida que la teoría fue perdiendo en la práctica su papel de vanguardia, paulatinamente fue abandonando el estatus de teoría de vanguardia y ganando un estatus completamente nuevo e inconcebible en la tradición nortecéntrica de la izquierda: el estatus de una teoría de retaguardia. En el sentido que yo le atribuyo, la teoría de retaguardia significa dos cosas.

Por un lado, es una teoría que no guía con base en la deducción a partir de principios, leyes generales, por que se rige supuestamente la totalidad histórica, sino con base en un examen constante, crítico y abierto de las prácticas de transformación social. Así, la teoría de retaguardia se deja sorprender por prácticas cambiantes progresivas, las acompaña, las analiza, intenta enriquecerse con ellas, y busca en ellas los criterios para profundizar y expandir las luchas sociales más progresistas. Por otro lado, una teoría de retaguardia mira en esas prácticas transformadoras tanto los procesos y actores colectivos más avanzados como los más retrasados, los más tímidos y al borde de la desistencia. Es una teoría que camina con los que van mas despacio, que concibe el avance y el retraso, los de adelante y los de atrás, como parte de un proceso dialéctico de tipo nuevo que no supone la idea de totalidad sino la idea de diferentes procesos de totalización, siempre inacabados y siempre en competencia.

Este es el camino para crear una contrahegemonía socialista o, como en el caso cubano, para mantener y reforzar una hegemonía socialista.

Para limitarme a un ejemplo, los grandes invisibles u olvidados de la teoría crítica moderna, los pueblos indígenas de la América Latina, han sido uno de los grandes protagonistas de las luchas progresistas de las últimas décadas en el continente.

Desde la perspectiva de la teoría convencional de la vanguardia, toda esta innovación política y social parecería de interés marginal, cuando no irrelevante. Y como resultado, fallaría en aprender con las luchas de los pueblos indígenas, con sus nociones de economía y de bienestar hoy consignadas en las constituciones de Ecuador y de Bolivia, con sus concepciones de formas múltiples de gobierno y de democracia.

El fracaso en aprender de los nuevos agentes de cambio da lugar, al cabo, a la irrelevancia de la propia teoría.

EL NACIONAL/Opinión/10
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