El fin de la historia y el de la política coinciden...
L os movimientos no son lobbies. El feminismo, y nuestra experiencia, también nos han enseñado esto. No están en los márgenes de la sociedad y de la historia, sino en el centro.
L os movimientos no son lobbies. El feminismo, y nuestra experiencia, también nos han enseñado esto. No están en los márgenes de la sociedad y de la historia, sino en el centro.
Hacen la historia. La salida del siglo XX está marcada sin duda alguna por los tiempos del siglo breve (1917-1968), por la caída de la Unión Soviética y por el fin de la función hegemónica del movimiento obrero: pero esta salida está determinada y hegemonizada en su resultado por el nacimiento y el afirmarse de potencias incontenibles.
Estas diferencias organizadas en movimientos ya no piensan en la conquista del Palacio de Invierno, sino en la construcción de otro mundo posible. Atraviesan ahora el interregno entre la modernidad y la posmodernidad, mostrándose a veces inseguras sobre los pasos a dar, pero seguras del objetivo a conseguir.
¿Por qué deberíamos enternecernos ante las exigencias que suscitan las variables y equívocas alianzas del Ulivo? ¿O ante las que determinan las oscuras finalidades de un eventual gobierno Prodi? ¿Por qué debería conmovernos la pretensión del ministerio de Interior berlusconiano de ser no violentos? Nosotros no somos violentos.
¿Por qué deberíamos enternecernos ante las exigencias que suscitan las variables y equívocas alianzas del Ulivo? ¿O ante las que determinan las oscuras finalidades de un eventual gobierno Prodi? ¿Por qué debería conmovernos la pretensión del ministerio de Interior berlusconiano de ser no violentos? Nosotros no somos violentos.
Pero somos desobedientes, proponemos ilegalidad, creemos en otro mundo posible. Estamos al lado de los tranviarios, de los obreros de los aeropuertos, de los investigadores, de toda la intelectualidad que rechaza la violencia de los gobiernos neoliberales.
Otra idea de partido: Hannah Arendt le preocupaba que la política pudiera desaparecer completamente del mundo.
Ante los desastres del siglo, resultaba inevitable establecer si "en definitiva la política todavía sigue teniendo algún sentido". Lo que estaba en juego en esos temores era algo eminentemente práctico: "El sinsentido alcanzado por toda la política queda puesto de manifiesto por el callejón sin salida en que se precipitan las cuestiones políticas particulares".
Para Arendt, el totalitarismo era la forma que tomaba esa temida desaparición. Hoy día nos topamos con otra cara del peligro: el totalitarismo con rostro humano, propio del despotismo de mercado. En él, la política está comprimida entre el orden establecido de los mercados financieros y las prescripciones moralizantes del capital ventrílocuo.
El fin de la historia y el de la política coinciden, pues, en la infernal repetición de la eternidad mercantil donde resuenan las voces blancas de Fukuyama y de Furet: "La idea de otra sociedad se ha vuelto casi imposible de concebir y, por otra parte, hoy día nadie se adentra en el tema. Henos aquí condenados a vivir en el mundo en que vivimos".
Otra idea de partido: Hannah Arendt le preocupaba que la política pudiera desaparecer completamente del mundo.
Ante los desastres del siglo, resultaba inevitable establecer si "en definitiva la política todavía sigue teniendo algún sentido". Lo que estaba en juego en esos temores era algo eminentemente práctico: "El sinsentido alcanzado por toda la política queda puesto de manifiesto por el callejón sin salida en que se precipitan las cuestiones políticas particulares".
Para Arendt, el totalitarismo era la forma que tomaba esa temida desaparición. Hoy día nos topamos con otra cara del peligro: el totalitarismo con rostro humano, propio del despotismo de mercado. En él, la política está comprimida entre el orden establecido de los mercados financieros y las prescripciones moralizantes del capital ventrílocuo.
El fin de la historia y el de la política coinciden, pues, en la infernal repetición de la eternidad mercantil donde resuenan las voces blancas de Fukuyama y de Furet: "La idea de otra sociedad se ha vuelto casi imposible de concebir y, por otra parte, hoy día nadie se adentra en el tema. Henos aquí condenados a vivir en el mundo en que vivimos".
Más que melancólica es desesperada esta eternidad del hombre a causa del Dow Jones. La elección puramente subjetiva que allí se otorga entronca con los caprichos de un individuo cuyos deseos inconstantes rechazan las necesidades sociales, y cuya libertad está rigurosamente encuadrada por las necesidades económicas y sociales.
La alternativa se circunscribe estrictamente a elegir entre lo peor y lo menos malo. La anónima consigna de Mayo del 68 que afirmaba que en política la única opción realista consistía en "pedir lo imposible", señalaba a su manera el peligro al que estaba expuesta la política desde entonces.
Hannah Arendt creía poder ponerle fecha al comienzo y el fin de la política: inaugurada por Platón y Aristóteles, habría encontrado "en las teorías de Marx su final definitivo".
Mediante una astucia de la razón dialéctica, anunciando el fin de la filosofía habría pronunciado en realidad el de la política. Esto es desconocer la política de Marx como la única forma contemporánea de la política frente a la violencia capitalista y los fetichismos de la modernidad: Pero no le contrapone una pasión unilateral por lo social.
La alternativa se circunscribe estrictamente a elegir entre lo peor y lo menos malo. La anónima consigna de Mayo del 68 que afirmaba que en política la única opción realista consistía en "pedir lo imposible", señalaba a su manera el peligro al que estaba expuesta la política desde entonces.
Hannah Arendt creía poder ponerle fecha al comienzo y el fin de la política: inaugurada por Platón y Aristóteles, habría encontrado "en las teorías de Marx su final definitivo".
Mediante una astucia de la razón dialéctica, anunciando el fin de la filosofía habría pronunciado en realidad el de la política. Esto es desconocer la política de Marx como la única forma contemporánea de la política frente a la violencia capitalista y los fetichismos de la modernidad: Pero no le contrapone una pasión unilateral por lo social.
Su defensa de la política, opuesta a la ilusión libertaria por lo social atestigua, por el contrario, la constancia de su pelea en ambos frentes. Consagra sus esfuerzos a la emergencia de una política del oprimido, anunciando la necesaria desaparición del Estado en tanto que cuerpo separado de la política profesional.
EL NACIONAL/Opinión/12
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
rlanz@cipost.org.ve















































