Sin embargo, esa decisión histórica de Cancún, una de las de mayor trascendencia y proyección ocurrida en la historia de la comunidad latinoamericana, ha sido silenciada, como se ocultan las afrentas, las burlas recibidas, por la oposición política venezolana, herida por la recuperación de un trozo de dignidad perdido en la ventisca de la dominación de nuestros pueblos.
La derrota de Estados Unidos como consecuencia de la confrontación que hoy mantiene con América Latina, es inimaginable hasta hace poco tiempo; un mérito particular le corresponde el presidente Chávez, que encabeza, con otros, la lucha por la libertad y la dignidad de nuestros pueblos.
No obstante, un tránsfuga, en su proceso interminable de descomposición moral, escribe sobre Chávez y ese evento, como "Otra derrota", exaltando las ofensas que trató de infligirle el presidente Uribe como boicoteador de todo gesto digno de América Latina y para mantener su espíritu rastrero ante la gran potencia.
La expulsión de Estados Unidos y Canadá como miembros de la OEA que en fin de cuentas fue lo que se aprobó en Cancún, así permanezcan en la otra OEA, como dos jarrones chinos, es de una importancia trascendental para la libertad de Latinoamérica, por más que lo ignore el espíritu antinacional de la oposición venezolana, aunque no así Estados Unidos, como lo demuestra su reacción agresiva, post Cancún, contra Venezuela.















































