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PARA EL PENSADOR no se polemiza con los comisarios chavistas. Lo que sí procede es rociarlos con “insecticida del bueno”. Un producto que descubierto en los laboratorios de las oposición por expertos y científicos que hacían vida en el Ateneo de Caracas, cuando éste funcionaba en el elitesco Teresa Carreño –degradado por la chusma chavista que, cuando caiga Chávez, como uno de ellos dijo, hay que desinfectar con cloro–, que ahora se mudó a una urbanización de medio pelo como Maripérez. ¿Por qué recurrir a la fumigación con un insecticida de última generación? Porque los insectos chavistas, cucarachas, chiripas, pulgas, zancudos, ladillas, así como las bacterias (el pensador también las mencionó), se habitúan a los insecticidas. Se hacen resistentes y se reproducen con más fuerza. Precisamente lo que pasa con el chavismo: que mientras más lo atacan, lo descalifican, lo difaman, lo reducen a la condición animal; de desdentado, de recoje-latas, de salvaje, es más fuerte, engorda más y se multiplica con más facilidad.
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LOS INTELECTUALES Y PENSADORES que se reunieron para declarar están conscientes, con una agudeza sorprendente, que a la plaga roja rojita hay que extirparla. Fumigarla. Gasearla. Algunos están consultando cómo hicieron los nazis en los campos de concentración. Porque a los seres-insectos, a las cucarachas-chavistas, que constituyen una amenaza para la gente pensante, para los escritores abrillantados, para los nostálgicos del INCIBA, hay que darles el trato que se merecen: el exterminio físico o cultural.
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POR CIERTO, ESOS MISMOS personajes hablan del stalinismo y acusan a quienes discrepen de ellos de émulos del dictador soviético. Pero en el fondo son la misma cosa. Son stalinistas a su manera, eso sí, elegantemente. Si pudieran acabarían a sangre y fuego con esa aberración de la cultura popular, con los pata en el suelo que usurpan ateneos, que pintan, cantan y hacen teatro. Esa mentalidad stalinista del escualidismo venezolano es, en el fondo, el grito desesperado de una élite en proceso de extinción.
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* PD: Un columnista de El Nacional niega, de plano, que El Universal esté viviendo una crisis económica –imposible en un ícono del capitalismo vernáculo–, y considera que informarlo es signo de stalinismo. Recomendación zanahoria: hablar con los trabajadores y los dueños del diario, ya que no es conveniente opinar sin informarse debidamente. Con perdón del colega: eso también es stalinismo. M.-
El pensador Baygón
Marciano
DiarioVEA















































