Otra variable "esquizofrénica" en el entorno actual es la crisis de generación eléctrica
La popularidad de un líder depende del impacto de muchas variables, positivas y negativas, que sumadas determinan el resultado neto. Una caída refleja superioridad de variables negativas (una o varias agregadas) con respecto a las variables positivas que el líder usó para compensar los costos.
Por el contrario, un líder es exitoso cuando ensambla una estrategia que aprovecha los determinantes positivos de forma tal que compensa con creces el costo de las variables negativas. Pero la cosa se complica cuando una misma variable tiene, simultáneamente, impactos negativos y positivos sobre la popularidad y no se logran formular proyecciones del impacto neto.
Un ejemplo de esta clase de variables es la devaluación. Devaluar tiene un evidente impacto negativo sobre la popularidad. En el caso venezolano, ese impacto proviene de una conducta aprendida. Esta semana se cumplieron 28 años de aquel Viernes Negro y desde entonces el venezolano común ha vivido varios episodios devaluacionistas, por lo que tienen claro lo que viene después: alza de precios, disminución de la oferta, contracción y caída del poder adquisitivo, especulación. ¿Cómo ocurre todo eso? No importa, ocurre y en el perceptual de la gente se trata de una medida negativa que afecta su vida y es culpa del Gobierno.
Aclaro que no toda esa imagen negativa sobre la devaluación es justa. Depreciar la moneda puede ser más bien indispensable para corregir distorsiones de la economía, derivadas de malas prácticas, cuyas consecuencias se pagarían tarde o temprano y que sólo se minimizan sincerando con un ajuste cambiario, aunque esta medida tenga costos de corto plazo, nunca atribuibles a ella sino a lo que en sí misma pretende corregir. Pero la población no tiene porqué entender esa dinámica económica. La gente percibe que la devaluación afecta su vida y punto. Esto es evidentemente malo para la popularidad del líder que la aplica, independientemente de las argumentaciones que construya para limpiarse. En diciembre pasado, antes del Viernes Rojo, el 82 por ciento de la población (incluidos los chavistas) eran contrarios a una disposición como esa.
Sin embargo, la medida adoptada tiene otro impacto. El Gobierno recibe una cantidad impresionante de bolívares adicionales para gastar a su antojo (aunque eso tenga efectos inflacionarios en el mediano plazo) y abarrotar la calle de dinero, lo que combinado con el carisma del líder y su hegemonía sobre los medios de comunicación, le ayudará a compensar, parcial o totalmente, los efectos negativos que esa misma devaluación le acarrea. Este es el lado positivo, para él, de la variable en cuestión.
¿Qué será mayor: el efecto negativo o el positivo de la devaluación de enero pasado? Aún es temprano para saberlo. Debemos esperar la evolución de las mediciones de opinión pública para responder esa pregunta.
Otra variable "esquizofrénica" en el entorno actual es la crisis de generación eléctrica. El impacto negativo del racionamiento eléctrico sobre la popularidad presidencial quedó más que demostrado. La interrogante es ¿qué pasaría si el Presidente y su Gobierno se dedican a ensayar acciones tendentes a solucionar esa crisis, aunque las mismas sean insuficientes, ineficientes y costosas mientras la oposición se concentra en pronosticar un desastre que no llega? ¿Quién ganaría esa batalla si el país logra surfear la crisis sin colapsar y en cada cadena presidencial hasta el 26 de septiembre escucháramos "la naturaleza se opuso, luchamos contra ella e hicimos que nos obedeciera"?
No pretendo vaticinar el porvenir. Sólo pongo un ejemplo de lo relancina y difícil que es la política, junto a lo lineal y simplista que suelen ser algunos análisis políticos basados únicamente en el deseo y la emocionalidad.
lvleon@cantv.com
@luisvicenteleon
Tuesday, Feb 07th
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