VISIÓN DEL ENCOMENDERO
¿Cómo ve el mundo el encomendero? Exactamente como hace medio milenio. Nuestra América es parte de Occidente, o sea, de Europa, o sea, de España, y debe aceptar su tutela: “América Latina es parte sustancial de Occidente. De esa parte del mundo que hunde sus raíces en la tradición clásica grecolatina, que se ha desarrollado por el cristianismo, que se ve iluminado por las luces de la Ilustración y que prospera gracias a la economía de libre mercado”. Cualquier parecido con Hernán Cortés es mera coincidencia. Para quien no haya entendido, se aclara: “Los españoles no podemos ser indiferentes al futuro de América Latina, ni podemos inhibirnos ante la disyuntiva a la que se enfrenta. España no puede limitarse a ser un espectador imparcial”. O sea: “España debe reclamar sin ambages el cumplimiento de aquellos principios y el respeto de los acuerdos internacionales que afectan a sus intereses”. Como que ya olvidaron las batallas de Carabobo y Ayacucho.
INJERENCIA DEL CHAVISMO ANTISISTEMA
¿Qué se interpone ante esta desinteresada anexión? La Agenda es clara: “Chávez, como líder emergente, intenta forjar una verdadera alianza anti-sistema cuyo objetivo es la implantación del ‘socialismo del siglo XXI’ en América Latina. En una versión castiza del internacionalismo proletario se puede apreciar la constante presencia e injerencia del chavismo en los países de la región, interviniendo en procesos electorales y fraguando alianzas ‘frentistas’. Los recursos del petróleo le permiten mantener esta internacional del populismo revolucionario”. El que un latinoamericano actuara en América Latina sería “injerencia”; que lo haga España, es no “limitarse a ser un espectador imparcial”.
ELIMINAR LA GRATUIDAD DE LA ENSEÑANZA
Situación tan abominable podría ser conjurada eliminando la gratuidad de la enseñanza. En efecto: “Durante décadas de gobierno paternalista, la combinación de gratuidad, falta de incentivos e insuficiencia de la inversión pública terminaron por lastrar las mejores universidades y a partir de ahí el conjunto de los sistemas de instrucción en América Latina”. La total libertad para el capital podría ayudar: “La ausencia de libertad económica se convierte en campo abonado para la pobreza y, sensu contrario, la libertad económica actúa como la mejor de las terapias para la erradicación de la pobreza”. Preguntar en Argentina, donde dos o tres décadas de libertad económica precipitaron en la indigencia al país más rico de América del Sur. Para que admiremos su sabiduría, añaden los encomenderos: “La economía mundial vive, a su vez una era dorada, con crecimientos del PIB mundial del orden del 5% durante varios años seguidos”. Meses después, se le desplomaría encima el sistema financiero del planeta. La ignorancia es audaz.
EL CONSENSO DE WASHINGTON
Los encomenderos son generosos en propinarnos recetas. Por ejemplo, deberíamos someternos a un ALCA con el resto del planeta: “América Latina tiene mucho que ganar con un comercio libre con el resto del mundo. Y tiene mucho que perder con un proteccionismo que sólo responde a los intereses particulares de determinadas minorías y perjudica a la mayoría de los ciudadanos”. Está clarísimo: para los latinoamericanos, protegernos es malo; para las economías desarrolladas, es bueno. Además, nos ordenan aceptar la independencia absoluta de los bancos centrales, desechar los impuestos progresivos, que aplican mayores tasas a quienes más ganan, y nada de expropiaciones: “Las expropiaciones estatales, en cualquiera de sus modalidades, actúan como un potentísimo factor disuasorio de las inversiones”. También, los países de América Latina deben renunciar a su potestad soberana de decidir con sus tribunales las controversias sobre sus contratos de interés público: “Cualquier ciudadano o empresa debe tener garantizados sus derechos de propiedad y que los contratos libremente celebrados se cumplan, recurriendo, si es menester, a tribunales de justicia independientes”. A pesar del acento madrileño, es el “Consenso de Washington”, que rezan todas las noches muchos jueces y diputados venezolanos.
Luis Britto García















































